En decoración, Perucho Valls se comió la Gran Manzana

Perucho Valls (1950-1992) fue un decorador caraqueño con una vida social, laboral y profesional muy intensa. Hijo de catalán y aragüeña (de los Gorrín de Cagua, solía decir), unas fuentes aseguran que estudió en Parsons, la escuela de diseño número uno de Estados Unidos y una de las más importantes del mundo. Otras indican que no, que simplemente tenía talento natural y que con solo 14 años, había realizado su primer trabajo de decoración.

Se dedicó a la decoración y como siempre quiso ser diseñador de modas, encontró la mejor solución al combinar ambas tendencias.

Su primer trabajo en Nueva York fue como asistente del florista Renny Reynolds, quien preparaba -y prepara- los arreglos florales de la ‘high society’ neoyorquina.

También fue asistente de los diseñadores Arnold Scaasi (1930-2015) y por un periodo mucho más largo, de Roy Halston (1932-1990) quien se hizo famoso gracias a un sombrero que diseñó en 1961 para Jacqueline Kennedy, Primera Dama de los Estados Unidos. Halston llegó a ser un diseñador de moda muy reconocido, a nivel mundial.

En 1984, con Paul Siskin como socio, Valls estableció en la calle 58 de Manhattan, entre la 5ta y la 6ta Avenidas las oficinas de su empresa de decoración, Siskins-Valls Inc, que para 2020 seguía operando. En 2006, Siskin fue elevado al “Hall de la Fama” de la publicación especializada Interior Design.

Valls fue buen amigo -desde sus tiempos de Venezuela- del decorador de vitrinas caraqueño Víctor Hugo Rojas (1942-1993), pareja de su jefe Halston y buen amigo del artista Andy Warhol. Acudía a las más exclusivas fiestas neoyorquinas con Bianca Jagger, Ira Fustenberg, Paloma Picasso, Carolina y Reinaldo Herrera, Liza Minelli y hasta Elizabeth Taylor.

Dos años antes de su muerte, cuando el VIH hacia estragos, declaró a Matide Daviéu en una entrevista para la revista Exceso de mayo de 1989: “La vida se ha vuelto distinta. En el mundo del diseño han muerto muchos de Sida. Es trágica la manera como se le ha puesto fin a una era esplendorosa. Ahora siento que estamos en una época victoriana. Nuevos principios y una nueva moral. No el desbarajuste de antes”.

Fuente: Revista Exceso No, 5. Mayo de 1989.

Foto: Revista Exceso Marzo 1991.